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Depresión posparto y responsabilidad social

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September 11, 2026

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Introducción

Cuando una mujerenferma, no basta con buscar un diagnóstico: hay que preguntarse qué red teníaa su alrededor antes de la crisis y qué red encontrará después del tratamiento.Una madre que hace daño a su hijo suscita una pregunta inmediata, casi inevitable:¿cómo pudo hacerlo? Es una pregunta legítima, pero no es la única. También hayque preguntarse qué ocurrió antes. Si había señales. Si alguien las habíavisto. Si alguien había comprendido que ya no se trataba solamente decansancio. Si aquella mujer había podido decir «no puedo más». Si había alguiendispuesto a escucharla. Si los servicios eran accesibles. Si la familia sabíaqué observar. Si existía una red capaz de intervenir antes de que elsufrimiento se convirtiera en crisis.

Y hay una preguntatodavía más difícil, que llega después: ¿qué le sucede a una madre cuando lacrisis ha pasado? Porque la salud mental perinatal no puede considerarseúnicamente una cuestión de diagnóstico y tratamiento. Concierne a la persona,al niño, a la familia, a los servicios y a la comunidad. La depresión peripartoes relativamente frecuente. La psicosis posparto es rara, pero puederepresentar una verdadera emergencia psiquiátrica, con pérdida del contacto conla realidad y, en los casos más graves, riesgo para la madre y para el niño.Confundir estas condiciones sería un error clínico. Reducirlas a una cuestiónde responsabilidad individual sería un error social.

1. Notodo lo que ocurre después del parto es depresión

En los días posterioresal nacimiento es frecuente el llamado baby blues: llanto fácil,inestabilidad emocional, irritabilidad, sensación de estar desbordada. En lamayoría de los casos es una condición transitoria. La depresión posparto esotra cosa. Puede manifestarse con tristeza persistente, pérdida de interés yplacer, sentimiento de culpa, aislamiento, irritabilidad, cansancio intenso,dificultades en la relación con el niño y la percepción de ser incapaz dedesempeñar el propio papel. Diferente es la psicosis posparto. Puedeaparecer rápidamente y conllevar delirios, alucinaciones, agitación grave,desorganización, alteraciones del estado de ánimo y pérdida del contacto con larealidad. No es simplemente una forma «muy grave» de depresión: es unacondición que requiere una evaluación psiquiátrica inmediata y, con frecuencia,un ingreso hospitalario.

Esta distinción esesencial también para evitar un estigma peligroso. Una madre deprimida noes, por ello, una madre peligrosa. Incluso los pensamientos intrusivosrelacionados con la posibilidad de hacer daño al niño no equivalennecesariamente a un deseo o a una intención de hacerlo. La situación cambiacuando aparecen intencionalidad, delirios, alucinaciones, pérdida del contactocon la realidad o pensamientos suicidas u homicidas. Comprender esta diferenciasignifica proteger al mismo tiempo a la madre, al niño y la calidad de laintervención.

2. Undiagnóstico no cuenta toda la historia

El diagnóstico esindispensable. Permite poner nombre al sufrimiento y activar un tratamiento.Pero un diagnóstico todavía no es una red de protección. Una mujer noatraviesa el embarazo y el puerperio dentro de una consulta médica. Losatraviesa dentro de un hogar, una pareja, una familia, un sistema económico, unentorno laboral, un barrio, una cultura.

Puede estar sola. Puedetener una pareja poco presente. Puede vivir conflictos familiares o de pareja.Puede encontrarse en una situación económica frágil, tener problemas devivienda, dormir muy poco, estar abrumada por el trabajo de cuidados. Puede vivirlejos de su familia, tener miedo al juicio de los demás o encontrarse condificultades para acceder a los servicios.

Ninguno de estosfactores, por sí solo, «causa» una depresión. Pero todos pueden contribuir ahacer más vulnerable a una persona y, sobre todo, pueden dificultar que pidaayuda. Es aquí donde entra en juego la responsabilidad social. No parasustituir a la medicina, sino porque la medicina solo puede funcionar dentro deun contexto que sostenga a una persona sin dejarla sola.

3. Lamaternidad no puede ser una responsabilidad privada: se necesita una red social

Durante demasiadotiempo, la salud mental perinatal se ha abordado como si el problema fueraúnicamente este: una madre está mal, por lo tanto hay que diagnosticarla ytratarla. Es necesario, pero no suficiente. La pregunta debería ser también: ¿quéentorno estamos ofreciendo a esa madre? ¿Quién se ocupa del niño cuandoella necesita dormir? ¿Quién se da cuenta de que lleva días sin salir de casa?¿Quién nota que su comportamiento ha cambiado? ¿Quién puede escuchar un «nopuedo más» sin convertirlo en un juicio? ¿La pareja está realmente implicada?¿Se comunican entre sí el pediatra, el médico de familia, la matrona, el centrode atención y los servicios de salud mental?

Estas no son preguntasajenas a la medicina. Son preguntas que afectan a la posibilidad concreta deque el tratamiento llegue a tiempo. La prevención no consiste solamente enreconocer una enfermedad. Consiste en conseguir que, cuando aparece elsufrimiento, alguien se dé cuenta y sepa qué hacer. Significa activar una redque debe existir ya antes de la crisis.

Una buena prevencióndebería actuar en varios niveles. En primer lugar, en el plano social: reducirel aislamiento y la sobrecarga, hacer accesibles los servicios, apoyar a lasfamilias, favorecer una distribución menos desigual del trabajo de cuidados yprestar atención a las condiciones económicas y de vivienda. El embarazo y elprimer año después del parto son un periodo en el que no basta con controlar lasalud física. También hay que preguntar cómo se encuentra la persona. Loscribados y cuestionarios pueden ser útiles, pero únicamente si están vinculadosa una verdadera atención y seguimiento. No se puede dejar sola a la madre paraque cuide del recién nacido, sin saber cómo hacerlo, porque nadie se lo enseñay nadie cuida de ella mientras ella aprende a cuidar del niño. Prevenir tambiénsignifica enseñar, siguiendo la antigua práctica según la cual la mejor manerade aprender es aprender de otras madres.

4. Cuando la enfermedad se encuentra con la responsabilidad penal

El problema se vuelvedramático cuando una madre mata a su propio hijo. Es necesario evitar dossimplificaciones opuestas: «Está enferma, por lo tanto no es responsable»;«Ha matado, por lo tanto la enfermedad no cuenta». Ninguna de las dosfórmulas es suficiente.

La responsabilidadpenal se refiere a la condición concreta de la persona en el momento en que secometió el hecho y debe ser valorada de acuerdo con las normas del ordenamientojurídico. Una enfermedad psiquiátrica grave puede, en determinadas circunstancias,modificar o excluir la capacidad de comprender y de querer. Pero un diagnósticopsiquiátrico no determina automáticamente la ausencia de responsabilidad. Lapregunta jurídica es diferente de la clínica: ¿hasta qué punto aquellapersona era capaz de comprender la realidad, el significado de sus acciones yde autodeterminarse en el momento del hecho? Reconocer esta diferenciasignifica no convertir el diagnóstico en una justificación automática y, almismo tiempo, no ignorar la enfermedad cuando esta realmente ha alterado lacapacidad de la persona. Existen casos muy diferentes entre sí que no puedenconvertirse en estereotipos.

El caso de LindsayClancy, en Estados Unidos, volvió a situar este debate en el centro de laatención pública. Clancy está acusada de haber matado en 2023 a sus tres hijosy de haber intentado después suicidarse. La defensa sostuvo que padecía unagrave psicosis posparto; la acusación sostuvo, en cambio, que había existidoplanificación y conciencia. En septiembre de 2026, el proceso concluyó con unjurado incapaz de alcanzar un veredicto unánime, lo que dio lugar a un mistrial.Antes ya había tenido lugar el caso de Andrea Yates, quien en 2001 matóa sus cinco hijos y que, en el nuevo juicio, fue declarada no culpable porenfermedad mental y trasladada a una institución psiquiátrica estatal. Soncasos extremos. Precisamente por eso no deben convertirse en la lente a travésde la cual mirar a todas las madres que sufren un trastorno mental.

Los casos extremosdeberían, más bien, obligarnos a mirar lo que ocurre antes de la tragedia: quéseñales estaban presentes, qué posibilidades de intervención existían, quéobstáculos impidieron que la red funcionara. Y, después de la tragedia, tambiéndeberían plantearnos otra pregunta: ¿qué significa tratar, rehabilitar yacompañar a una persona cuando su vida ha quedado profundamente marcada por laenfermedad?

5.Proteger al niño, cuidar a la madre: una responsabilidad social

Cuando existe un riesgoconcreto, la prioridad es proteger al niño. Este principio no es negociable.Pero proteger al niño y cuidar a la madre no son necesariamente objetivoscontrapuestos. Una situación de psicosis grave puede requerir hospitalización, tratamientofarmacológico, supervisión continua, implicación de la familia y de losservicios sociales. La respuesta debe ser proporcional al riesgo y reevaluarsecontinuamente. La pregunta no debería ser solamente: ¿cómo alejamos elpeligro?

Debería ser también: ¿cómoconstruimos las condiciones para que la madre pueda ser tratada y, cuando seaposible, recuperarse? Porque una crisis psiquiátrica no borra a la persona.Y una persona no se identifica para siempre con el momento más grave de suenfermedad. Existe una responsabilidad social que comienza con laprevención, pero no termina con la prevención. Aquí se encuentra quizá elpunto más olvidado del debate. Hablar de responsabilidad social no significasostener que, cuando una madre comete un delito, «la culpa es de la sociedad».Significa reconocer que la sociedad tiene una responsabilidad antes, durante y despuésde la crisis. Antes, creando condiciones que reduzcan el aislamiento y lavulnerabilidad. Durante, garantizando el acceso al tratamiento y la proteccióndel niño. Después, haciendo posible la recuperación. Porque la curación nosiempre coincide con el final de los síntomas.

Una mujer puede estarclínicamente estabilizada y seguir sintiéndose incapaz. Puede recibir el altahospitalaria y encontrarse en casa con la misma soledad de antes. Puede seguircorrectamente el tratamiento y continuar viviendo con el sentimiento de culpa,la vergüenza y el miedo a ser juzgada. Puede estar fuera de la emergencia yseguir dentro del sufrimiento. Es aquí donde la rehabilitación se convierte enuna responsabilidad social. Rehabilitar no significa simplemente continuartratando los síntomas. Significa devolver posibilidades. Posibilidadesde recuperar la autonomía. De reconstruir relaciones. De reapropiarseprogresivamente de su papel como madre. De volver a relacionarse con personas ylugares. De retomar, cuando sea posible, actividades personales y laborales. Derecuperar la confianza en sus propias capacidades. Y, sobre todo, significaevitar que la mujer quede definida por su diagnóstico.

Una madre que haatravesado una depresión grave o una psicosis posparto no debería serconsiderada únicamente como «una paciente psiquiátrica». Es una persona que haatravesado una crisis y que puede necesitar un proceso para volver a vivir. Tratarsignifica intervenir sobre la enfermedad. Rehabilitar significa ayudar a lapersona a recuperar el control de su propia vida. Son procesos diferentes,pero inseparables.

6. Larelación entre madre e hijo también necesita ser rehabilitada

La enfermedad puedeinterferir en la relación entre la madre y el niño. Pero precisamente por elloesa relación debe poder formar parte del proceso de recuperación. No medianteuna evaluación constante de la «capacidad» de la madre, sino a través de un acompañamientoconcreto y respetuoso. Una madre puede amar profundamente a su hijo y necesitarayuda para cuidarlo. Puede desear estar con él y, al mismo tiempo, tener miedo.Puede necesitar que alguien la acompañe mientras recupera la confianza.

Ayudar a una madre nosignifica sustituirla. Significa devolverle, cuando sea posible, la posibilidadde volver a ser protagonista de su propia maternidad. Naturalmente, también hay que proteger alniño. Pero protección y relación no tienen por qué considerarse necesariamentealternativas. Cuando las condiciones clínicas y de seguridad lo permiten,apoyar la relación puede formar parte del propio proceso de rehabilitación.Porque no se puede dejar sola a toda la familia: la pareja puede no saber quéhacer. Los abuelos pueden sentirse impotentes. Los demás hijos pueden verseafectados indirectamente. Todos pueden experimentar miedo, rabia, vergüenza osentimiento de culpa. No basta con decirle a una familia: «Estad cerca deella».

La familia necesitainformación, orientación y apoyo. Puede convertirse en un recurso fundamental,pero no puede transformarse en el sustituto de los servicios. La solidaridadfamiliar es un recurso. No puede ser la única política de salud mental. Poreso la red debe incluir a profesionales y a la comunidad: matronas,ginecólogos, pediatras, médicos de atención primaria, psicólogos, psiquiatras,centros de atención, servicios sociales, asociaciones, familiares y, cuando seanecesario, servicios de emergencia. Todos deben aprender a comunicarse entre sípara que la red funcione y, en ocasiones, es necesario que alguien les enseñecómo hacerlo, coordine las distintas intervenciones y facilite el diálogo entreellos.

La verdadera preguntaque deberíamos plantearnos ante el riesgo de una depresión posparto es: ¿quéencontrará esa mujer cuando vuelva a casa? Es una pregunta que deberíamoshacernos con más frecuencia. No solamente: ¿se ha hecho un diagnóstico?¿Se ha prescrito el tratamiento? Sino: ¿qué encontrará esa mujer cuandovuelva a casa? ¿Encontrará a alguien que la ayude? ¿Un servicio que vuelvaa ponerse en contacto con ella? ¿Un profesional que conozca su historia? ¿Uncentro de atención accesible? ¿Apoyo para la relación con el niño? ¿Ayudaconcreta si su situación económica o familiar es frágil? ¿Una comunidad en laque pueda encontrarse con otras personas sin sentirse marcada por suenfermedad? ¿O encontrará solamente la expectativa de volver rápidamente a lanormalidad?

Si ocurre esto último,la responsabilidad de la recuperación vuelve a recaer enteramente sobre lamujer. Pero no se puede pedir a una persona que se recupere en un entorno quecontinúa produciendo las condiciones de su soledad. Hace falta una redsocial eficaz e integrada.

7. Una red que no se disuelve cuando termina la emergencia

La responsabilidadsocial puede entenderse entonces como una responsabilidad a lo largo de todo elproceso. Antes de la crisis significa prevenir. Cuando aparecen las primerasseñales significa detectarlas. Durante la crisis significa proteger y tratar. Despuésde la crisis significa rehabilitar y reinsertar. Es una diferenciasustancial. Porque si la red se activa únicamente cuando el peligro es evidentey se disuelve cuando el peligro disminuye, hemos construido un sistema deemergencia, no un sistema de atención.

La rehabilitaciónrequiere, en cambio, continuidad entre el hospital y el territorio, entre lasalud mental y los servicios materno-infantiles, entre los profesionalessanitarios y los servicios sociales. Requiere tiempo. Y requiere una ideadiferente de la recuperación. Recuperarse no significa simplemente dejar deestar en una situación de emergencia. Significa poder volver a tener un futuro.Hay que pasar del concepto de la madre «enferma» a la imagen de una mujer quevive dentro de una red. Quizá este sea el cambio cultural más importante.Una madre no debería ser vista solamente como una paciente a la quediagnosticar. Tampoco debería ser idealizada como una persona naturalmentecapaz de afrontar todo.

Es una persona queatraviesa una enorme transformación biológica, psicológica y social. Unapersona que puede ser vulnerable y, al mismo tiempo, poseer recursos que laenfermedad puede hacer temporalmente invisibles. Por eso deberíamos aprender aformular preguntas diferentes. No solamente: «¿Tiene depresión posparto?»,sino: «¿Cómo está?», «¿Duerme?», «¿Está sola?», «¿Quién la apoya?», «¿Puedepedir ayuda?», «¿Cómo funciona la pareja?», «¿Volverá alguien a verla?» Y,cuando aparecen síntomas graves: «¿Cuál es el riesgo?», «¿Quién protege alniño?», «¿Quién se hace cargo de la madre?», «¿Cuál es el recorrido durante laspróximas horas y los próximos días?» Y, cuando la fase aguda ha terminado: «¿Quénecesita para volver a vivir?» Esta última pregunta forma parte deltratamiento tanto como las anteriores.

8. Laprevención comienza antes del diagnóstico. La responsabilidad continúa despuésdel tratamiento

La depresión y lapsicosis posparto nos recuerdan una verdad más general: la salud mental noes solamente una cuestión individual. La medicina debe reconocer y tratarla enfermedad. La familia y la comunidad pueden ofrecer presencia y apoyo. Losservicios deben garantizar accesibilidad y continuidad. Las instituciones debenconstruir condiciones que no transformen la vulnerabilidad en aislamiento. Lajusticia debe distinguir, en los casos extremos, el hecho cometido de lacondición psíquica de quien lo cometió. Pero hay algo que atraviesa todos estosniveles: la responsabilidad de no dejar sola a una persona ni antes nidespués de la crisis. La prevención no puede reducirse a un cribado. Eltratamiento no puede reducirse a una prescripción. La rehabilitación no puedereducirse al alta hospitalaria. Y la maternidad no puede considerarse unaresponsabilidad privada que debe ejercerse en soledad. Un diagnóstico puedeponer nombre al sufrimiento. Una red social puede transformar ese nombre enuna posibilidad de tratamiento.

Y una red que continúaestando presente después del tratamiento puede transformar la supervivencia ala crisis en una posibilidad de vida. Este debería ser el verdadero objetivo dela responsabilidad social: no sustituir la responsabilidad individual, noeliminar la responsabilidad penal cuando existe, no atribuir a la sociedad laculpa de toda tragedia. Sino asumir una responsabilidad más exigente: crear lascondiciones para que una mujer pueda ser acogida y apoyada antes deprecipitarse, tratada por su médico pero también por quienes están a su ladocuando se encuentra mal, y acompañada cuando tiene que empezar de nuevo. Porquela pregunta más importante no es solamente si hemos sido capaces de impedir unatragedia. Es también esta: después de haber tratado a una madre, ¿somoscapaces de devolverle una vida? Si la respuesta es no, nuestra red todavíano está completa. Y si la prevención consiste en no llegar demasiado tarde, larehabilitación consiste en no marcharse demasiado pronto.

Prevenir es llegarantes de la crisis; rehabilitar es permanecer después de la crisis.

Estopermite dar a la «responsabilidad social» un significado mucho más amplio sinconvertirla en una culpabilización de la sociedad. Homantenuto volutamente anche i termini tecnici e le distinzioni concettualidell’originale, senza semplificarli o reinterpretarli.

Contributors

Paola Binetti

Política, psiquiatra y académica italiana